Comunidad cristiana:

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Comunidad cristiana:

Mensaje por ARMAGEDON el Mar 04 Nov 2008, 20:18

Comunidad cristiana:
La palabra griega comúnmente traducida como "comunión" (koinonía, Hch. 2.42 y Jn. 1.3), implica mucho más que socializar en fiestas de iglesia o conversar a la entrada de la iglesia después de la reunión del domingo. Significa "tener vidas en común." Los cristianos del primer siglo lo demostraban a través de la generosidad espiritual, social y material unos con otros. En este artículo usaré la palabra comunión queriendo decir un "compartir común de la gracia y las bendiciones de Dios", una definición que se acerca a la idea bíblica de koinonía.
El concepto bíblico de comunión es importante entenderlo y vivirlo. En la iglesia primitiva había una relación entre la calidez de corazón hacia Dios y la generosidad de unos con otros. Tan cercanas eran estas relaciones que los primeros cristianos no se veían a sí mismos como individuos aislados, sino como "miembros unos de otros" en las "comunidades" donde las personas crecían hasta la madurez espiritual y cooperaban unos con otros en el avance del Reino de Dios. Dentro de estas comunidades se fortalecían, se apoyaban y se protegían de las corrosivas fuerzas del mundo. De esta forma estaban bien preparados para enfrentar todo lo que el diablo pudiera lanzarles cuando salían al mundo.
Esta calidad de relación contrasta abruptamente con la fe de muchos cristianos modernos, que empequeñecen su relación con Dios llevándola a un nivel individualista en asuntos como el arrepentimiento y conversión, la oración y el estudio de las Escrituras, la justicia personal y el evangelismo. Pero Dios nos ha llamado a la madurez en el cuerpo de Cristo. Somos llamados a "lograr la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios," creciendo "en todo en Aquel que es la cabeza, esto es Cristo, de quien todo el Cuerpo bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor." (Ef. 4.13, 15 – 16).
Comienza con una relación con Cristo
La comunión comienza con una relación con Jesucristo. En Juan 14.6-15, Jesús dice a los apóstoles, "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre si no es por mí." La mayoría de los cristianos, incluso los recién nacidos en la fe, conocen bien este pasaje de las Escrituras. En muchos casos, ¡este pasaje les lleva a poner su fe en Cristo! "Si queréis conocer al Padre," dice Jesús, "debéis conocerme a mí."
Pero pocos cristianos se dan cuenta que esta verdad también nos comunica las bases de nuestra relación con hermanos y hermanas. Las palabras de Jesús confundieron a Felipe. "Señor," le pide, "muéstranos al Padre, y nos basta." Jesús le responde, "¿No me conoces, Felipe?... El que me ha visto a mí, ha visto al Padre."
Esta es una de las enseñanzas más profundas e importantes de las Escrituras. Jesús y el Padre son uno y siempre lo han sido. Los teólogos dirían que son uno en naturaleza, aunque son dos personas distintas. Jesús habló sólo las palabras que el Padre le dijo que hablara, Él hizo solo las obras que el Padre le dijo que hiciera.
El Padre estaba muy complacido con Él. Incluso antes que Jesús comenzara su ministerio público, en su bautismo, Dios abrió los cielos y dijo, "Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia."
Y Jesús nos ha invitado a esta calidad de relación con el Padre. Así que la base para conocer y experimentar la comunión con los hermanos y hermanas, es entrar en una relación con el Padre a través del Hijo. Para los primeros cristianos, la comunión con hermanos y hermanas era el resultado y la expresión de su comunión con Dios en Cristo y en el Espíritu Santo (ver 1 Cor. 1.9; Fil. 2.1; 1 Jn. 10.3)
Amando a la iglesia en general
Cuando nos comprometemos con Cristo, también nos comprometemos con su propósito en el mundo, que es tener un cuerpo sano y unido; el pueblo de Dios. Tenemos que amar lo que Él ama; Él ama a Su Iglesia, a la Iglesia en general, en todas las denominaciones existen cristianos genuinos.
No estoy diciendo que Él ame todas las cosas que los diferentes cristianos creen y hacen. Pero Jesús ama profundamente a su Cuerpo, aquellos que son nacidos del Espíritu de Dios y que conocen al Padre. Somos llamados para amar lo que Jesús ama, así que no tenemos otra opción que amar a toda la Iglesia, incluso a denominaciones con cuyas creencias no estamos de acuerdo o no entendemos.
Somos llamados a ser una comunidad, a compartir ayuda, dones, recursos y problemas. Los primeros cristianos a menudo se reunían en los hogares de alguien, comían juntos, y se preocupaban de manera práctica por las necesidades de los demás (Hch. 4.32). Se ayudaban mutuamente en las muchas necesidades de la vida, "sobrellevando las cargas de los otros... y cumpliendo así la ley de Cristo."
Debido a su estrecha relación la Iglesia primitiva era cuidadosa con hábitos de conversación como la calumnia y el chisme, reconociendo cuán peligrosa puede ser la lengua fuera de control. También sabían como ser confidentes y protegerse unos a otros.
Los grupos pequeños
¿Cómo pudieron vivir esta estrecha relación? Al parecer, facilitaron la vida común a través de los grupos pequeños, tales como las iglesias que se reunían en hogares (Ro. 16.1-15; Col. 4.15; 1 Tes.5.27). Los grupos pequeños también son la base para la comunidad cristiana actual. Pablo, en Efesios 4.2 dice, "con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor." A menudo he pensado, "¿cómo las personas se pueden amar unos a otros, si nunca se relacionan personalmente?" De eso se trata en los grupos pequeños. Están donde la gente se puede relacionar y vivir realmente el evangelio. Creo que todo lo que aprendes en la Biblia es probado al estar en un grupo de personas con las cuales te rozas. En los grupos pequeños aprendemos a amar a los que no son fáciles de amar, cumpliendo de esta forma, el mandato de Cristo.
A veces somos nosotros quienes necesitan del amor y apoyo al pasar por tiempos difíciles. Amarse unos a otros no es solo una buena idea; es una de las grandes bendiciones de Cristo. La comunión es el jardín en el cual los frutos del Espíritu se multiplican, el lugar donde se vive la vida eterna, aquí en la tierra.
Filipenses 1:9-11, Php 1:6 Estoy seguro de que Dios, que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta el día en que Jesucristo regrese.
Php 1:7 Es muy justo que yo piense así de todos ustedes, porque los llevo dentro de mi corazón y porque todos ustedes son solidarios conmigo de la bondad que Dios me ha mostrado, y a sea que esté yo en la cárcel[c] o que me presente delante de las autoridades para defender y confirmar el anuncio del evangelio.
Php 1:8 Pues Dios sabe cuánta nostalgia siento de todos ustedes, con el tierno amor que me infunde Cristo Jesús.
Php 1:9 Pido en mi oración que su amor siga creciendo más y más todavía, y que Dios les dé sabiduría y entendimiento,
Php 1:10 para que sepan escoger siempre lo mejor. Así podrán vivir una vida limpia, y avanzar sin tropiezos hasta el día en que Cristo vuelva;
Php 1:11 pues ustedes presentarán una abundante cosecha de buenas acciones gracias a Jesucristo, para honra y gloria de Dios.

Cordialmente
Armagedon.

ARMAGEDON

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